Acuña, Coahuila.- De insensibles, es la forma en la que Marco Antonio Díaz Calderón ha calificado el proceder del personal médico y de enfermería del Hospital General de Zona número 92, quienes tienen a su hijo inmerso en el abandono, además de incurrir en actos de negligencia y discriminación al paciente por su condición médica.
El calvario para la familia Díaz Calderón inició hace un año 8 meses, cuando Marco Antonio Díaz Sifuentes, de entonces 37 años, recibió un fuerte golpe en la cabeza cuando entrenaba lucha libre, su deporte favorito. El golpe lo dejó inconsciente; fue entonces que sus compañeros decidieron trasladarlo a este nosocomio, donde les comentaron que, por la gravedad, el paciente tenía que ser canalizado a un hospital de especialidades para recibir la atención de un neurocirujano.
La desesperación de los padres al no encontrar eco en las autoridades del IMSS o espacio para su atención inmediata, les llevó a solicitar el alta voluntaria para poder así trasladarlo a un hospital en los Estados Unidos, donde fue operado de emergencia, resaltando que fueron más de 8 meses los que permaneció en el vecino país para su alta médica y posterior traslado a México, directo al Hospital General de Zona número 92 en esta frontera.
En un principio, el joven recibió atención y cuidados por parte del personal; sin embargo, al pasar del tiempo, la situación cambió, ello bajo el argumento de que la persona se encontraba con muerte cerebral, esto a pesar de que el joven responde al llamado de sus familiares, presenta estímulos como movimiento en sus manos, además de abrir y cerrar los ojos.
En los últimos días, el joven ha presentado problemas de infección, los cuales se reportaron a los médicos que le atienden y de los cuales recibieron una respuesta considerada como inhumana, ya que estos le informaron a la familia que ya solo era cuestión de “esperar a que las bacterias hicieran lo suyo para que dejara de sufrir”, es decir, esperar a que muriera.
Esta situación es catalogada por los familiares como un acto inhumano, insensible y poco profesional por parte de quienes en su momento juramentaron salvar la vida de los demás.
Hoy la familia pide que el joven sea trasladado a un hospital de Monterrey para ser valorado por un neurocirujano y por un infectólogo, además de exigir una atención de calidad y de calidez hacia el paciente.
“Como padre no me puedo sentar y quedarme cruzado de brazos para ver morir a mi hijo; es por ello que busco el apoyo de la comunidad para lograr que el milagro suceda y pueda pronto volver a casa sano y salvo”, expresó Marco Antonio Díaz Calderón, padre del paciente.
dmc